El inamovible huracán

Entrevista a Jesús J. Barquet
Por Armando Chávez Rivera


CUBA ha presenciado a lo largo de la historia exilios y migraciones: desde pescadores y trabajadores de Tampa, a los cuales José Martí pidió ayuda para la independencia, hasta figuras como el poeta José María Heredia. La vida cultural de la isla ha estado marcada por esos desplazamientos. La novela Cecilia Valdés apareció publicada por primera vez en Nueva York y la enseña nacional fue dibujada en Manhattan.

A lo largo de las últimas cuatro décadas figuras como Jorge Mañach, Lydia Cabrera, Severo Sarduy, Eugenio Florit, Gastón Baquero y Guillermo Cabrera Infante murieron en el exilio. Ahora, otros numerosos autores gestan una obra literaria notable fuera de la isla, a pesar de que sobre ellos existe un desconocimiento parcial o casi nulo entre quienes deberían ser sus lectores naturales: los cubanos que están en Cuba y en todas partes.

El poeta cubano Jesús J. Barquet (La Habana, 1953) acepta reflexionar sobre la experiencia del exilio para la vida y la obra de un escritor. Barquet llegó a los Estados Unidos en 1980 durante el éxodo del puerto habanero del Mariel. Reside en Las Cruces, Nuevo México, desde 1991. Trabaja como profesor de Literatura Hispánica en la Universidad Estatal de Nuevo México. Obtuvo la Beca Cintas de Creación Literaria, y las Becas Fulbright y Rotary de enseñanza universitaria e investigación literaria. Su obra abarca la poesía, el ensayo, la edición y la docencia. En esta entrevista, enfrenta una veintena de preguntas sobre sus proyectos, nostalgias y expectativas, las relaciones con Cuba y su comunidad literaria, desgarramientos y hallazgos, y la fuerza que lo ha sostenido durante años.

-- ¿Qué condiciones familiares, de infancia o estudios influyeron en los comienzos de su vida intelectual? ¿Recuerda un momento específico de "iniciación"?

Situaciones escolares: el estudio de la literatura mundial en el preuniversitario, y el cine, desde muy niño. En tal sentido la iniciación sería haber visto Salvatore Giuliano , de Francesco Rossi, que me despertó la curiosidad por el cine de calidad, y El proceso , de Orson Welles, que me arrastró a Franz Kafka cuando yo aún era un adolescente. Y la maestra Hortensia Roselló del preuniversitario, que animó toda mi curiosidad ya que las condiciones familiares no ayudaban mucho a tales empresas. Y claro, un poco después, conocer la poesía y la persona de José Lezam Lima.

--¿Cuándo y dónde difundió sus obras por primera vez? ¿Qué temas considera que han sido constantes en su labor creativa?

En los Estados Unidos y España, pues solamente pude publicar consi s tentemente al llegar al exilio en 1980. Creo incluso que mi primer poema publicado (había salido uno en Cuba en los años 70, pero en una publicación muy menor) fue en Madrid, gracias a José Mario. ¿Temas constantes en mi poesía? Yo diría que la infinita contemplación y el goce sensual y sexual de la belleza, tal como yo la percibo; la búsqueda o pr o puesta de algún paraíso aún no-encontrado y sólo fragmentariamente percibido; el amor quizás más que el desamor; el mar, que más que motivo puede ser tema en sí mismo. Hoy día me preocupa la guerra, como un "rayo que no cesa," en mi poemario Sin fecha de extinción (2004).

--¿Cuál es el proceso de preparación de una obra, las condiciones necesarias, los obstáculos mayores, los momentos definidos de su "rutina" creativa?

En poesía, es difícil hablar de una "rutina." Suele animarla una Musa muy caprichosa que puede olvidarse de ti por meses y, de pronto, no dejarte solo ni un instante, al punto de tener que posponer otras obligaciones para atenderla, para escuchar o adivinar "qué vuelo trae." Pero es la noche su momento preferido de visita, cuando todo se borra alrededor nuestro y es ella la única mús(ic)a que percibimos. Los obstáculos mayores son no poder dedicarle todo el tiempo que quisiera a la poesía, a la creación, porque me ocupan otras tareas del "reino de este mundo." El proceso de creación, en mí, es escuchar, descifrar primero el vuelo de esa Musa, inscribirlo en bruto en el papel, que se plasme en palabras y establezca su ritmo. A partir de entonces, es volver sobre el texto para pulirlo, para eliminar (usualmente eliminar) o añadir o condensar, para sutilizar o evidenciar, es decir, cada producto bruto inicial tiene sus propias necesidades de pulimento.

--¿Para qué público trabaja? ¿Cuál sería su público ideal? ¿En qué espacios ha difundido su obra? ¿Cómo han sido sus relaciones con el mercado?

En realidad, no pienso en "públicos" cuando escribo, sino en individuos, amistades (la mayoría poetas también o intelectuales del ramo) a quienes les envío los poemas inéditos o después el libro. Pero descubro con sorpresa públicos insospechados cuando hago lecturas de poesía por otras ciudades, especialmente en México, Colombia y los EE.UU. Mis relaciones con el mercado son nulas. Por suerte, la poesía no depende de él. Al editar mi poesía establezco contratos que dejen en mis manos una gran parte de la tirada de mis libros, para así poder ser yo también el dueño físico de ellos, difundirlos y hasta venderlos, ya que ni los libreros muestran mucho interés por vender libros de poesía. Pero quizá tenga un público ideal secreto: el pueblo cubano de aquí y de allá.

--¿Le interesa la opinión de la crítica? ¿Hay algunas que escuche con mayor interés? ¿Establecería algún vínculo entre calidad de la obra, atención de la crítica, difusión, éxito de público?

Imagino que sí me interesa la opinión de la crítica, por muy escasa que esta haya sido. La leo por curiosidad, por ver si algo que pretendí hacer logró plasmarse para los demás, o si plasmé algo que yo mismo no había percibido. Ya muchos de esos críticos los conozco personalmente; son gente cercana a mí que, a quemarropa, me expresan su opinión positiva o negativa de un poema.

Los términos "calidad," "atención," "difusión" y "éxito" se refieren a aspectos diferentes: el primero se refiere al campo propiamente literario (difícil de valorar especialmente cuando se lidia con contemporáneos), los tres restantes pueden fluctuar entre dicho campo y otro que más bien pertenece a la sociología de la literatura: el campo de la mercadotecnia y los intereses personales. Sigo creyendo (o prefiero creer) que la poesía, por no ser rentable y resultarles más "difícil" a muchos críticos, escapa afortunadamente de este segundo campo.

--¿En qué sentido estima que debe estar orientada su labor estética, cultural y social? ¿Qué intelectuales y obras aprecia, en ese sentido, como referente?

En el sentido de expresarme lo más libre y honestamente que pueda, sepa y logre. Toda mi labor no sólo como poeta, sino también como crítico y profesor, va orientada hacia la mayor comprensión de nuestra identidad y problemática latinoamericana, a través de los siglos. Y hacer lo posible por difundir, no las modas miméticas del momento, sino esa preocupación mía, es decir, convertirla en misión. Esto no está divorciado del interés de insertarnos en (y contemplarnos a la luz de) espacios mayores, pero siempre desde nuestra peculiaridad, la cual cada vez más se va extrapolando a los EE.UU. al punto de poderse percibir en lo cultural un constante crecimiento de la hispano-americanidad en todo esta parte norte del planeta. En este sentido cultural, aprecio, además de la obra ensayística de José Lezama Lima, Cintio Vitier, Roberto Fernández Retamar y Carlos Alberto Montaner entre los cubanos, la obra plural de Octavio Paz, César Vallejo, Sor Juana Inés de la Cruz (¡cómo no admirar a quien escribió esas cumbres del Divino Narciso y el Primero sueño !) y Gabriela Mistral entre los latinoamericanos, y de Vaclav Havel, Milan Kundera, Juan Goytisolo, Krzysztof Kieslowsky y Andrei Tarkovsky entre los intelectuales europeos que han padecido (y sabido responder creativamente a) experiencias político-culturales muy similares a las nuestras.

-- ¿Puede vivir usted de su obra?

Si "vivir de" quiere decir --como imagino-- "mantenerse económicamente," la respuesta es "no, no puedo vivir de ella," pero ella sí vive de mí y, seguramente, gracias a ella, puedo seguir viviendo yo. Afinando las preposiciones: no vivo "de," sino "por" la poesía.

-- ¿Cómo gravita emocionalmente sobre usted el hecho de vivir fuera de Cuba? ¿Podría revelarnos sus recuerdos, nostalgias, que nos ayuden a imaginar cómo mira sentimentalmente hacia la Isla?

Ha gravitado de formas muy diversas, pues han pasado ya más de 22 años. Quizás como protección he aprendido a encontrar (o fabricarme) sustituciones: playas como Cancún, mucho mejores que las de Cuba; ciudades como París, São Paulo y México, que te permiten olvidar La Habana en cuestión de segundos; cuerpos y amantes esplendorosos de naciones diversas, quienes han sabido reemplazar --y no sin ganancia, especialmente si pienso en Brasil, o será que ya no me acuerdo-- cualquier doméstica experiencia; gente maravillosa que uno va conociendo en todas partes y que van sustituyendo a las amistades quedadas en la Isla, aunque en realidad, en estos 22 años, muchas amistades dejadas allá han venido al exilio, así que la Isla, en tanto que espacio de antiguos afectos, también se va borrando, pero aún quedan seres queridos, amigos y escritores de mi mayor admiración como tales, que no he podido volver a ver. Pero confío en el futuro, la Isla es como uno mismo: un eterno novio que espera. El inamovible huracán que nos la asola algún día acabará de pasar.

--¿Qué pudo haber quedado suprimido, transformado o erosionado de su sentido de identidad personal como cubano, por la distancia geográfica, el tiempo, las vicisitudes o la voluntad personal?

Eso de la identidad no me preocupa porque no suele ser en mí un dilema o conflicto. No puedo no ser cubano, ni me interesa ser otra cosa que no sea cubano. Aunque me disfrace de japonés o de vaquero, no puedo no ser un cubano disfrazado de japonés o vaquero. Para la vida del espíritu, que es obviamente la vida verdadera, esos términos que señalas de "distancia," "tiempo" y "vicisitudes" (imagino que te refieres a accidentes de la existencia tempoespacial) resultan ser irrelevantes. La "voluntad humana," por otra parte, sí constituye un acicate para la vida del espíritu, como bien lo supo esa niña voluntariosa que fue Sor Juana Inés de la Cruz, quien fue poeta y mujer a pesar de las dificultades concretas que halló en su México del siglo XVII.

--Cuando piensa y habla sobre Cuba, ¿cuáles son sus temas recurrentes, sus motivaciones, sus inquietudes fundamentales?

Mis intereses fundamentales con respecto a Cuba son su literatura y su cultura en general, incluida la popular. Debo señalar que mi interés recae sobre lo que se producen tanto dentro como fuera de la Isla. La política es, obviamente, un tema fuerte de necesaria recurrencia, pero suelo mantenerlo a distancia (a raya), para que no obstruya el trabajo cultural hacia el que me siento mucho más llamado a (o tal vez más capacit a do para) hacer.

--Para su obra y vida intelectual, ¿cuáles han sido los provechos, contratiempos o sacrificios de haber salido de Cuba? ¿Cómo ha influido en su obra el hecho de que usted viva en otra comunidad cultural, intelectual y/o lingüística? ¿Esta situación ha estado en conflicto con la labor creativa o ha contribuido a enriquecerla?

En realidad, mucho ha sido de provecho para mí después de salir de Cuba. No quiere decir que no haya sacrificado nada al salir y después de salir, pero la vida ha sabido recompensar las pérdidas, restañar las heridas, entregarme su magia infinita, la cual jamás estará limitada a una específica zona geográfica. Quizás habría preferido que el bote en que llegué a los EE.UU. en 1980 hubiera atracado en algún otro país de lengua y cultura más atractivas para mí, como Brasil o Francia, pero las corrientes de nuestro "fatalismo geográfico" lo arrastraron a la Florida, donde nunca he vivido de forma permanente, pues mi vida ha transcurrido principalmente en Nueva Orleáns y, actualmente, en Las Cruces (Nuevo México). Pero no sería justo quejarme de un país que, además de ofrecerme una lengua muy útil, ha demostrado ser conmigo muy generoso, aunque también ha exigido (y esperado) de mí mucho trabajo, trabajo que he podido realizar en total libertad y con muchas muestras de estímulo por parte de mis superiores. ¡Qué más podría esperar de cualquier país alguien que llega a él con sólo una camisa, un pantalón y un centenar de proyectos por realizar! El inglés --lo he dicho varias veces-- no es mi lengua favorita pero considero una bendición haber tenido que dominarlo. No solo abre puertas, sino que también ayuda a cerrarlas, cuando de eso se trata.

--¿Cómo considera que la emigración y el exilio están presentes en su obra y en la de su generación?

Son una marca definitiva en mi generación, la cual ha vivido lanzada a esa experiencia de emigración y exilio en los lugares más dispares del mundo. En particular, mi promoción, el Mariel (nombre del puerto de salida del éxodo de 1980), si bien está marcada con un término que señala una ruptura con el espacio geográfico de la Isla, también está presa de una denominación que la vincula irremediablemente al espacio insular. Mi obra recoge explícitamente esa doble marca o experiencia en El Libro del desterrado . Más implícitamente se halla también en Naufragios. Los narradores de mi promoción (Reinaldo Arenas y Carlos Victoria, entre otros) han sabido expresar factualmente las vicisitudes de nuestra experiencia de emigrado. Han sabido recoger el grito de rebeldía y de libertad que significó nuestro exilio. Mi poesía quizás prefiere hablar de los entretelones íntimos, emocionales, de esa experiencia; de la sutura y la recuperación; de la sustitución y la compensación; y también del hallazgo de nuevos mundos posibles.

--¿Le llama la atención alguna migración o exilio, individual o colectivo, de otros ámbitos geográficos o momentos de la historia? ¿Medita sobre su situación personal o colectiva, como cubano, a través de las semejanzas y diferencias con esas otras experiencias?

Sí, claro que medito ante otros exilios y holocaustos históricos. En particular, siempre me preocuparon hasta el punto de identificarme con ellos, los exilios y las disidencias del campo socialista: los cineastas checos, polacos, soviéticos y húngaros que emigraron; la figura para mí decisiva de Andrei Tarkowsky, coronada con su exilio; el hormigueo de fronteras europeas violadas que precedió a la caída del Muro de Berlín; el desesperado exilio albanés; los boat people del Viet Nam socialista; los jóvenes chinos que lograron escapar con vida de la matanza de Tiananmen y de su enorme país. Ya de adolescente, el suicidio temprano y la figura de Maiakovsky me abrieron bien los ojos y "me obligaron a ver," como diría Padilla. Mi mayor interés en los dos viajes a Moscú que hice en los años 70 no fue ver la momia de Lenin ni la tumba de Stalin, sino la casa y estatua de ese enorme poeta que "también hablaba de la rosa" y que era "todo corazón." También me afecta leer sobre los judíos en su diáspora eterna, ver cada día --ya que vivo en la frontera méxicoestadounidense-- las masas de mexicanos y centroamericanos queriendo cruzarla; saber de nuestro trashumante Caribe: dominicanos, puertorriqueños y haitianos huyendo siempre de sus islas, o simplemente buscando otra mejor "residencia en la tierra." También los colombianos, los chilenos y los argentinos huyen o han tenido que huir de sus domésticas miserias económicas y políticas; el pueblo palestino sigue aún sin tierra segura y suya donde vivir. Parece, pues, que esta experiencia de migración o exilio no es la excepción, sino la regla.

--¿El exilio le ha hecho sentir de alguna manera específica una mayor pertenencia, vínculo o identidad con parte de grupos o comunidades, como pueden ser, por ejemplo, la latina en Estados Unidos o Europa?

Es posible. Soy cubano y a la vez hispano de los Estados Unidos. Lo mismo les ocurre a millones de otros hispanos que hoy día son ciudadanos de los EE.UU. Tienen una doble identidad, aunque tengan un solo pasaporte. Estamos ante una situación bicultural o binacional que el siglo XXI tendrá que resolver legalmente de alguna forma. Ya México dio un paso favorable al respecto. Imagino que la Cuba futura también tendrá que enfrentarla, pues son mas de millón y medio de cubanos residiendo fuera de la Isla. Pero por supuesto que esto no es esencialmente un asunto de estado (aunque los estados deberán resolverlo), sino íntimo e individual.

--¿Cómo se mantiene al tanto de la labor intelectual de cubanos radicados fuera de Cuba? ¿Qué escritores y obras le interesan especialmente? ¿A partir de qué aspectos podríamos entenderla como una comunidad?

Me mantengo muy al tanto de dicha labor intelectual, especialmente en el terreno de la poesía, el ensayo y la novela. Y mientras más leemos a estos autores, más comprobamos que sí conforman, dentro de sus respectivas peculiaridades personales, una comunidad de intereses y tópicos recurrentes. La reflexión sobre la Isla (su cultura, su historia, su identidad, su vida pol í tica y destino), la sensación de desplazamiento o desarraigo, la necesidad de re-enraizar en un espacio otro, las transacciones que el individuo debe realizar con dicho espacio, la preocupación por continuar y revisar la tradición nacional son, entre otros, algunos de los rasgos que caracterizan a esta producción intelectual. Del exilio me interesan muchísimos autores y críticos, cada uno por su parte y en su momento ha sabido mantener viva la cultura cubana del exilio: Juana Rosa Pita, José Kozer, Rita Geada, Carlota Caulfield, Alina Galliano, Magali Alabau, Reinaldo Arenas, Lorenzo García Vega, Severo Sarduy, Lydia Cabrera, Carlos A l berto Montaner, Iván de la Nuez, Gustavo Pérez Firmat, Rafael Rojas, Matías Montes Huidobro, Heberto Padilla, Manuel Martín, Lourdes Tomás Fernández de Castro, Madeline Cámara, Carlos Victoria, Reinaldo García Ramos y Yara González Montes. Igualmente se podría hablar de numerosos pintores, músicos, cineastas y periodistas del exilio.

--¿Cómo se informa sobre la vida cultural en la Isla, su situación, publicaciones y movimientos? ¿Cómo es su comunicación con la comunidad intelectual asentada en Cuba y las instituciones culturales?

Me informo a través de libros y revistas que me envían los amigos y familiares, o que compro por el mundo o que consulto en las espléndidas bibli o tecas universitarias estadounidenses; a través de mensajes electrónicos constantes con amigos de allá. Ahora, con la internet, se ha hecho fácil mantener esta información al día. Tengo amigos escritores haciendo una hermosa labor cultural desde la Isla, y hemos restablecido vínculos, creado "un gran puente" para que la cultura pueda pasar saludable y fuerte al otro lado, es decir, sobrevivir a las consabidas hecatombes políticas nacionales.

--¿Qué escritores cubanos, del pasado y del presente, suele leer? ¿Qué tradición literaria le interesa?

Además de los citados anteriormente, me interesan autores contemporáneos cubanos como Cintio Vitier, Fina García Marruz, Roberto Fernández Retamar, Abilio Estévez, Antón Arrufat, Leonardo Padura, José Pérez Olivares, Lourdes González y Antonio José Ponte. Del pasado, siguen las sombras tutelares de José Martí, Julián del Casal, Virgilio Piñera y, mi padre espiritual, José Lezama Lima.

--Diversos intelectuales opinan que la cultura cubana es una sola, generada por quienes están dentro o fuera de la Isla. ¿Cuál es su opinión al respecto? Si usted considera que es una sola, ¿en qué aspectos opina que se e s tablece esa unidad y sus diferencias?

Nadie, creo, duda ya que dichas producciones literarias sean una sola, a la que la experiencia del exilio, y muy particularmente la experiencia de los cuban-americans, añade, como es de esperar, nuevos temas (como la identidad bicultural) no pertinentes al espacio insular. La unidad entre ambas producciones está garantizada por la misma tradición escritural en que ambas, voluntariamente, se insertan. Muchos de los autores vivos o muertos antes mencionados son precisamente parte de esa tradición nacional cuya influencia afecta a todos los de dentro o fuera, es decir, no reconoce fronteras.

--¿Cree que los intelectuales cubanos establecidos fuera de la Isla pueden hacer o deben plantearse alguna contribución para el desarrollo actual y futuro del país? ¿Cree que los que están dentro de la Isla pueden o deben hacer algo específicamente en ese sentido?

No creo, sino que es un hecho que, desde 1959, los intelectuales del exilio han estado trabajando sin cesar por la cultura cubana, lo cual es una forma quizás no tan visible de contribuir al desarrollo del país. Ahora que muchos intelectuales de dentro de la Isla se están interesando por la cultura del exilio y por aspectos de la propia cultura cubana insular que por décadas habían sido proscritos en la Isla, se encuentran que en el exilio se ha estado trabajando arduamente por todo ello, por rescatarlo, revisitarlo, salvarlo de la dispersión y el olvido.

--¿Tiene el propósito de establecerse permanentemente en Cuba en algún momento? ¿En qué circunstancias?

Pregunta difícil pero nunca desechable. Pero como suelo ser bastante pragmático, sólo pensaría en su respuesta después de que la historia o la biología humana le abran nuevos destinos a la Isla, porque, si continúa la misma impuesta propuesta, "no sé, yo no puedo entrar." ?

Jesús J. Barquet (1953). Segundo Premio en el Concurso de Poesía Chicano-Latina en 1993 por su libro Un no rompido sueño (1994), Premio de Ensayo "Letras de Oro" en 1991 por su libro Consagración de La Habana (1992), y Premio "Lourdes Casal" de Crítica Literaria en 1998 por su libro Escrituras poéticas de una nación (2000). Como poeta es autor, además, de los poemarios Sin decir el mar (1981), Sagradas herejías (1985), Ícaro (1985), El Libro de los héroes (1994), El Libro del desterrado (1994), Naufragios (1998) y Naufragios / Shipwrecks (2001). Como crítico es autor también de Teatro y Revolución Cubana: Subversión y utopía en Los siete contra Tebas de Antón Arrufat (2002). Como editor, ha publicado Más allá de la Isla: 66 creadores cubanos (1995), The Island Odyssey: Contemporary Cuban Poets (2002), Poesía cubana del siglo XX (2002), y Haz de incitaciones: poetas y artistas cub a nos hablan (2003).