Muchos mexicanos ya no creen en los políticos de ningún partido, ni tienen grandes esperanzas de que la economía mejore. Muchos han perdido sus casas y sus creencias más firmes, pero tienen una pertenencia todavía que es mucho más fuerte y parece unirlos, una fe intensa en la Virgen de Guadalupe, la madre de los mexicanos que según la tradición, se apareció hace cuatro siglos en la tilma del indígena Juan Diego.
Ella, la morena virgen de rostro dulce los guió durante la guerra de independencia de España y ella también estuvo en la esperanza de miles de revolucionarios.
Tocar su nombre para mancharlo es una de las peores ofensas que pueda hacérsele al mexicano católico y ciertas o no, las palabras del abad de la basílica de Guadalupe, Guillermo Shulenburg, reproducidas el mes pasado en la revista italiana "30 Giorni" cayeron sobre millones de mexicanos como un cubo de agua fría, pues se afirmaba en ella que el abad negó el milagro del Tepeyac, la aparición de la virgen de Guadalupe en la tilma de Juan Diego.
En la fronteriza Ciudad Juárez, una de las ciudades más alejadas del centro del país, la respuesta no se hizo esperar. Al día siguiente de la difusión de la noticia, la barda del obispado en la calle Villarreal, fue vandalizada por fieles guadalupanos que con enormes grafitis protestaron contra el abad. En la vecina ciudad de El Paso Texas, la polémica también causó indignación entre los fieles.
"¿Porqué quieren quitarnos a nuestra madre?", "El abad no pudo haber dicho tal infamia", "Shulenburg debe retirarse, nos ha ofendido a todos los mexicanos", "Con estos gobernantes y con tantas calamidades, si no fuera cierto el milagro de la virgen, ya no existiríamos los mexicanos", o "la virgen de Guadalupe fue lo único que nos trajimos a Estados Unidos y ella nos sigue acompañando", son algunas de las controvertidas declaraciones de católicos habitantes de Ciudad Juárez y vecinos de El Paso Texas, entrevistados en torno a la polémica surgida por el milagro de la virgen de Guadalupe, y quienes pueden o no creer en que el abad haya negado el milagro, pero nunca dudan de su fe en la Guadalupana.
Para el obispo emérito de Ciudad Juárez, Manuel Talamás Camandari, la Virgen de Guadalupe tiene un valor mucho más grande en la frontera norte de México que en el resto del país porque representa un poder de nacionalidad frente a otra cultura. Para los mexicanos en Estados Unidos, es todavía un poder más fuerte.
Entrevistado en su domicilio en Ciudad Juárez, Talamás Camandari, quien estudió en Roma en el Colegio Pio Latinoamericano y en la Universidad Gregoriana, recordó un poco sus tiempos de estudiante, cuando fue compañero del polémico abad Guillermo Shulenburg.
Talamás lo recuerda como un joven honesto en sus convicciones y rememora la fecha en que 35 estudiantes de la Universidad Gregoriana viajaron juntos en un barco sueco a media guerra mundial, tratando de llegar a América.
"En aquel viaje convivimos un poco y Shulenburg era un muchacho sencillo, muy recto, como siempre me siguió pareciendo, pues durante los últimos 30 años nos hemos visto algunas otras ocasiones. Nunca en este tiempo percibí alguna duda e él sobre el milagro de la virgen, jamás", dijo el obispo emérito de la Diócesis de Ciudad Juárez.
Talamás Camandari no entra en polémicas sobre si lo aparecido en "30 Giorni" sea falso o verdadero, pero él por su parte asegura: "Cristo le entregó a la virgen el cuidado de todos los hombres y ella entró a la nación mexicana 10 años después de la conquista. Yo pienso que sí hay documentos suficientes para aceptar que sí existieron los milagros con los que se probó la aparición".
El obispo emérito sin embargo considera que si alguien dice que tal aparición no fue cierta, no comete ninguna falta, pero hay documentos fehacientes acerca del ayate de Juan Diego en donde se reveló la imagen de la virgen al obispo de aquel tiempo en la ciudad de México.
Recordó que entre otros, hay estudios de la NASA acerca del ayate en el que se apareció la imagen de la virgen. La NASA no pudo explicar la técnica de pintura que se encuentra en la capa de Juan Diego.
Para otros católicos, como la hermana Gema Castillo, misionera de María Dolorosa, la Guadalupana es más que un símbolo, "es un ser vivo y real y es la madre de la fe del mexicano".
"Es la que nos protege y acá en el norte uno se siente más unida a ella de manera especial", dijo.
Las declaraciones de Shulenburg fueron difundidas primero en la revista "30 Giorni" y a partir del 27 de mayo en toda la República mexicana. Según la presa mexicana, el abad de la basílica de Guadalupe dijo que Juan Diego, a quien Juan Pablo II beatificó en 1990, no existió y que el ayate en donde aparece la virgen fue pintado por una mano indígena.
Aunque al día siguiente el abad desmintió tales declaraciones en la prensa mexicana e incluso ha perdido perdón frente a miles de fieles dentro de la basílica, en México se habla de su renuncia con insistencia, pues verdaderas o no, sus declaraciones revivieron una polémica que data de 1500.
De acuerdo con la historia del culto guadalupano escrita por Fray Fidel de Jesús Chauvet, fue en 1531 cuando la virgen se le apareció al indígena mexicano Juan Diego en el cerro del Tepeyac situado en el centro de México.
La virgen habló en varias ocasiones con el indígena, quien padecía muchos problemas en ese tiempo. La virgen le pidió que avisara al obispo de México que en ese sitio quería que la adoraran. Ella pidió a Juan Diego que subiera por unas flores a un montecillo donde regularmente no crecían, pero Juan Diego encontró muchas y muy olorosas. La virgen las tomó en sus manos y luego las volvió a depositar en la tilma del indígena para que fuera a mostrarlas al obispo.
Cuando así lo hizo, el obispo Fray Juan de Zumarraga vio dibujarse en la tilma de Juan Diego, "la imagen de la madre de Dios". Desde entonces los católicos mexicanos la adoran como a su madre. (Fuentes: Ciudadanos juarenses y paseños; misionera de María Dolorosa, Gema Castillo; obispo emérito de Ciudad Juárez, Manuel Talamás Camandari; "Historia del culto guadalupano", de Fray Fidel de Jesús Chauvet)